Sobre la tristeza





"No estés triste." "Ya fue dejate de joder, ya pasó." "Al mal tiempo buena cara." "No pienso dejar que los demás vean cuando me siento mal." "¿Sabés qué? Soltá". Éstas y otras más, son las palabras que habitan en muchas bocas y de seguro, alguna vez, en la nuestra. Comparten la misma impronta, no darle lugar a la tristeza, como si la misma fuera algo terrible, un tabú que ningún ser humano debe padecer. Pero podríamos pensar que es necesario, incluso sano a mi parecer, dejarnos estar triste si la ocasión lo amerita.

Quizás el problema más grande no es la tristeza en sí, sino lo que la sociedad parece imponer a modo de dogma, consciente o inconsciente, sobre que interpretar si alguien está triste, porque rápidamente se lo liga con la depresión, la debilidad o la incapacidad de afrontar con una sonrisa "los caminos de la vida".
Vivimos en tiempos donde parece no estar permitido sentirse triste. Los ideales, o mejor dicho, mandatos tiránicos de la época, sostienen que la sonrisa nunca debe borrarse de nuestro rostro. Que si alguna situación o persona nos duele debemos olvidarnos y enseguida salir adelante, ni hablar del dolor que produce el fracaso. Lo placentero, lo pragmatico, la solución, pareciera que es lo primordial, cuando en realidad el dolor, el fracaso y la tristeza nos deben dejar una recuerdo, una enseñanza.
No es algo anormal ser "políticamente incorrecto" en este asunto. Si nos sentimos tristes, aceptémoslo. No perderemos nuestro valor por tropezar alguna vez. No es necesario usar máscaras para demostrar que estamos felices. La vida se basa en procesos, hagamos del dolor una oportunidad para el progreso.

Texto: Julian 
Autor de la imagen, Josías Monzon 

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