¿Renunciar o resignarse?
"...Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!".
Fragmento del áspero y hermoso poema de Edgar Allan Poe donde el cuervo representaría, a mi parecer, el pasado persistente envuelto de angustia ante una perdida.
En el relato, el protagonista se encuentra de luto por la muerte de su amada, pero también es posible duelar (hacer duelo) otros acontecimientos. El desamor, la frustración, el fracaso, la derrota, son circunstancias que si bien pueden darnos un impulso para fortalecer nuestra vida, a la vez podrían tener la potestad de limitarla.
Es, por lo tanto, el cuervo el representante de recuerdos que pueden limitarnos, desanimarnos, destruirnos. Recuerdos que se presentan por las noches solo para confirmar lo frágiles que somos y cedemos ante ellos .Recuerdos que nos recuerdan, valga la redundancia, que podría ser imposible librarnos de su sombra, sembrando en nosotros la certeza de que nada cambiará, nunca lo hará, "nunca más". ¿Sería posible despojarnos de la sombra del cuervo? Seguramente, aunque requeriría el esfuerzo de renunciar a aquello que nos ata al pasado, al recuerdo doloroso y persistente. Renunciar no es lo mismo que resignarse. Esto último es solo la acción de aceptar lo que pasó sin que se produzca en nosotros un cambio que nos permita aprender del dolor. La renuncia, en cambio, implica accionar ante la situación de una manera que no nos limite y asi librarnos de ella, poco a poco.
Soltar, dejar ir aquello que nos pesa, nos angustia, nos ata, es parte del proceso de avanzar, madurar, vivir. Si nos dejáramos seducir por lo que fuimos, hicimos o perdimos, puede que no nos liberemos "nunca más". Como bien dijo Gustavo Cerati: "poder decir adiós, es crecer".
Ilustracion © 1999, Helder da Rocha
Comentarios
Publicar un comentario