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Sobre la tristeza

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"No estés triste." "Ya fue dejate de joder, ya pasó." "Al mal tiempo buena cara." "No pienso dejar que los demás vean cuando me siento mal." "¿Sabés qué? Soltá". Éstas y otras más, son las palabras que habitan en muchas bocas y de seguro, alguna vez, en la nuestra. Comparten la misma impronta, no darle lugar a la tristeza, como si la misma fuera algo terrible, un tabú que ningún ser humano debe padecer. Pero podríamos pensar que es necesario, incluso sano a mi parecer, dejarnos estar triste si la ocasión lo amerita. Quizás el problema más grande no es la tristeza en sí, sino lo que la sociedad parece imponer a modo de dogma, consciente o inconsciente, sobre que interpretar si alguien está triste, porque rápidamente se lo liga con la depresión, la debilidad o la incapacidad de afrontar con una sonrisa "los caminos de la vida". Vivimos en tiempos donde parece no estar permitido sentirse triste. Los ideales, o mejor dicho, mandat...

Sujeta tu jeta

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El lenguaje, entidad esencial que permite el acceso a la cultura. Una persona, un ser, "un alguien", se encuentra inmerso en una sociedad que lo forma, lo integra o, desintegra. Pero hay una mediadora primordial que constituye, construye o, destruye a un sujeto, la palabra. La palabra posee un poder e influencia enorme sobre una mente, un alma. Puede dar felicidad y quitarla, aclarar o confundir, edificar o derrumbar, instruir o corromper. El uso de la lengua, nuestra lengua, es responsabilidad de cada uno. Difícil es, ciertamente, dominar la lengua, algo más allá del lenguaje, "...pero ningún hombre puede domar la lengua..."(Santiago 3:8). Pero no imposible "La lengua de los sabios adornará la sabiduría..." (Proverbios 15:2). La palabra como formadora. Formadora de inútiles, de fracasados, de errores. Así también formadora de capaces, de luchadores, de amables. Somos atravesados por las palabras, somos más un "escrito que escritores". Recuperar ...

¿Renunciar o resignarse?

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                                                                                       "...Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!". Fragmento del áspero y hermoso poema de Edgar Allan Poe donde el cuervo representaría, a mi parecer, el pasado persistente envuelto de angustia ante una perdida.  En el relato, el protagonista se encuentra de luto por la muerte de su amada, pero también es posible duelar (hacer duelo) otros acontecimientos. El desamor, la frustración, el fracaso, la derrota, son circunstancias que si bien pueden darnos un impulso para fortalecer nuestra vida, a la vez podrían tener la potestad de limitarla.  Es, por lo tanto, el cuervo el representante de recuerdos que pueden limitarnos, desanim...